Duelos

Qué duro es el amor por un equipo de fútbol. Y lo digo porque finalmente, cuando se tiene alguna decepción amorosa, encuentras refugios: amigos, bebida, música, deporte, etc

Las tusas hay que vivirlas; de esos momentos es tal vez de donde más aprendemos. Al vernos débiles, disminuidos y en algunos casos derrotados, es cuando más conocemos de nosotros mismos, evaluamos qué somos, para qué estamos y para dónde vamos. Y así, el tiempo hace su tarea. No olvidamos, pero aprendemos a recordar sin rencor y asumimos que la vida sigue, y que de ese ciclo asimilamos para luego emprender nuevos retos, tal vez con un corazón más fuerte y maduro que sabe qué es lo que quiere.

Pero el fútbol es otro cuento. Por razones de todo tipo resultamos involucrados amando un escudo, dándoles a unos tipos que golpean un balón la responsabilidad de darnos algo de felicidad y distracción de la vida diaria. Y así, vamos entendiendo que la pasión, la alegría y el sentimiento hacen parte de nuestra alma.

El fútbol te maltrata, te da cachetadas, te recuerda realidades, pero sigues ahí. Creo, mis amigos, que los que somos hinchas hemos pasado por todo tipo de situaciones. Viendo cómo directivos toman decisiones en contra de la realidad, cómo jugadores cómodos ganan dinero, pero no copas, y cómo a los técnicos la terquedad les nubla la mente. Esto por desgracia pasa en todos los equipos y como hinchas de Millonarios en esta generación lo hemos padecido en ciclos terribles.

Asumo que esto puede ser normal, pero hay cosas que creo que no se pueden negociar y dejar pasar por alto. Primero, creo que este Millonarios no hizo un duelo adecuado del partido que se perdió contra América a mitad de año. Las heridas debemos dejarlas sanar, pero, sobre todo, aprender de ellas. Lo digo por dos ejemplos claros: en 2012, luego de ver campeón al rival de patio, ese Millos aprendió, puso un técnico nuevo e hizo unos retoques necesarios. Hizo el duelo, lo vivió y aprendió. El resultado fue un equipo campeón en diciembre de ese año. Los jugadores entendieron lo que se jugaban; querían quedar en la historia y lo lograron.

En 2017 pasó algo similar. Nos eliminan con un gol de Dayro al final. Un desenlace típico del fútbol donde no te da espacio de entenderlo y asimilarlo. Ese día lloré demasiado, sentía que era tan injusto; tanto que al ver la escena mi mamá no tuvo más opción que abrazarme y decirme que la revancha llegaría. Y llegó, y todos sabemos de qué manera. Creo yo, porque en manos de Miguel Ángel Russo, el equipo tuvo un gran líder y alguien que supo sacar provecho de una tristeza. Alguien que sabe cómo enseñar e identifica cuales son los grandes momentos para aprender.

Ese equipo aprendió tanto que fue campeón ante su rival. El proceso, por desgracia, se acabó. Miguel Ángel se fue con dos títulos ante nuestros grandes rivales y llegó Jorge Luis Pinto. El primer semestre, que fue soñado, terminó en una pesadilla ante América y una derrota inexplicable. Hoy, creo yo que el equipo, y especialmente el cuerpo técnico, no logró asimilar y hacer el duelo correctamente, y el miedo nos invadió de tal manera que el plantel, que es muy débil mentalmente, pues no logró conseguir resultados que lo llevaran de nuevo a disputar el título.

El amor necesita de las derrotas para ser más fuerte. Las heridas son recuerdos de lo que aprendimos. Millos necesita superar este año. Dar gracias por lo que hemos recibido y pedir con más fe por aquello que vendrá. Entender nuestros errores y de nuevo buscar la gloria. En este punto no sé qué esperar. Obvio, como todo hincha, espero inversión, es claro que la nómina necesita un recambio importante, pero a la vez soy realista y sé que Serpa y compañía –en su proyecto tacaño– no reventará el mercado y el único que se reventará para seguir ahí, como siempre, es el hincha, el abonado, el que compra la camiseta y alentará como si fuera la primera vez.

Hagamos el duelo, vivamos esto, porque las sonrisas siempre vuelven. Por cierto, amigo Serpa, amigo Camacho, el hincha NO ES SU ENEMIGO.

Gustavo Caraballo

@Padrinogacm

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